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Continúa la Sentimentalidad en Prosa
La vida no tiene por qué entrar por la puerta de la alegría. ¿Dónde irá? Eso no interesa a los imbéciles que no han encontrado el papel secante de su miseria. Donde nos hallamos podremos morir, pero vergeles que no florecerán serán nuestras paredes; los pájaros no besarán el verde.
Todos somos inocentes, pero yo más. Esto importa, lo otro no.
¿Quién será el que lo resuelva? Palabras, inútiles alcahuetas de los pensamientos pútridos; emanaciones insalubres del corazón. La compresión de mi espíritu entre dos palabras produce un esperma estéril.
“¿Cuándo estará listo el automóvil?” Frases célebres que salen por los oídos.
¿Porqué me quedo en casa? ¿La noche acaso resolverá lo que no pienso? ¿Porqué la angustia provoca náuseas dulces? ¿Es que el hombre traerá siempre las mismas botellas?
¿Y si los ojos hermosos de alguna prostituta iluminan tus poemas? ¿Podrás sacar del fondo de tu alma algo que no sea barro?
Yo seguiré mi rumbo y si no encuentro el orden acribillaré el destino.
Atardecer. Luces oblicuas que atraviesan las imágenes. Verdes plácidos y aguas obscuras. Vagos sonidos que enturbian la atmósfera. Espirales y círculos concéntricos que vibran entre los árboles. Suave cuchicheo de sombras. Alambres de púas que atormentan mi espíritu.
¿Podré desatar el perro que ladra?
¿Podré apuñalear el recodo del río? No.
Me quedaré esperando el momento oportuno de lanzar la frente por entre mis piernas. Quizás así retorne a mi origen.
Sala de conciertos. Gradas que esperan a sus novias.
Yo no podré desatar el hilo que une el programa a las hermosas cabelleras rubias incrustadas en el rojo de los tapices. Las sombras que oscilan sobre las paredes recogen los sonidos y los preparan para mí, yo poco cortés no agradezco.
Ninguno sabe porqué me arden las sienes. En una lágrima irá la amargura del mundo. El la surcará las mejillas hipócritas y no caerá en ninguna parte.
Sala de cinematógrafo. Ruido monótono. Atmósfera sideral. Astros que se disputan la pantalla. El miserable sol que se apaga. Las imágenes se suceden con una rapidez vertiginosa… No se porqué.
La dulce melodía del saxofón entreteje besos por las butacas. El trombón murmura en voz baja algo al oído del galán. El pone cara de idiota, no entiende. Ella, la amante, muestra deseos de hablarle pero no le encuentra el oído. Mis ojos caen detrás de la pantalla. Quedo pasmado.
La calle. Rojo. Ritmo sensual que no deja dormir al espíritu. A cada paso que doy precipito en insondables mares. Ningún submarino me sale al encuentro.
Mujeres vistosas. Carne alentadora de nuestro cretinismo. Haces de luces que no encontrarán sus sombras. Podré ir distraído pero los cables me hacen cosquillas. Podré reir pero el asfalto trocará en oro mi aliento. En cada esquina espero que pase el tráfico. Contemplo la vara mágica del vigilante. La tomo en mis manos y golpeo con ella furiosamente en la sonrisa de mis amigos.
Algún día encontraré la mujer que no subirá al tranvía. Es posible que me case. Ella reirá. Yo no.
Hoy no tienen relieve las cosas para mí. El violín que desafina no tendrá perdón. Por eso no ceso de escribir. Detrás de la llama rugirán leones pero no despertaré.
Flores de azar arrolladas al pistón de una locomotora: eso es mi espíritu.