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Decorados sentimentales

. . Cristales empañados
que murmuran su canción triste y avinada.
La taza de café, en un silencio de la orquesta,
se vuelca infructuosamente
sobre el eucalipto de la plaza.
Llueve.
Los caballos humean la fatiga del mundo.

* * *

Contornos difusos.
Ensueños turbados
por la mirada lívida de los cristales.
Estanques que lloran bajo soles apagados.
Peces que oscilan entre obscuros sonidos.
El barro que escucha la canción de las ruedas.

* * *

Trenes que invierten el tic tac del reloj.
Paredes desnudas que huyen por entre las
[rejas
de ventanas que dan al infinito.

* * *

Deseos no satisfechos que horadan las
[horas.
Nostalgia de blancos senos
que abren
desmesuradamente
su boca impúdica.
Necesidad imperiosa
de tomar el ómnibus que nunca llegará.

* * *

Rumores lejanos.
Aguas tranquilas que inundan los tranvías.
Silbidos prolongados que ahogan el miedo.
Detrás de la sombra palidece el sol.
No tengo la sensación del tiempo.

* * *

Blancos ribetes que huyen la tristeza de
[otros días.
Labios anhelantes de besar circonvoluciones
[cerebrales.
Curvas voluptuosas que secan la garganta.
Sudores viscosos.
Escorpiones lubrificados.
Telarañas que ahorcan al mundo.


Longitudes de Onda

STRAWINSKY

La tierra, ignea, recién desprendida del sol.
Una garganta sin voz que vulnera el acero.
Guirnalda de cardos de aromas volcánicos
que detienen los motores.
La savia de las selvas que se transforma
en neón luminoso.
Toda la nieve de las estepas
sacrificada en la orgía de la vida.
Un rayo que esculpe en el cielo: YO

HINDEMITH

Los ojos grandes y azules
de un niño
magnetizando un jazz band.
El lirismo de cien locomotoras
danzando
sobre un tenue hilo de seda.

J. VON STERNBERG

Sombras desnudas, sin música.
Una draga
que recoge todos rincones sucios de la ciudad
y los arroja al sol.
Gatos flacos
que devoran los restos de nuestro “spleen”
Terrible envidia de los locos
únicos “libres”.
“Underworld”. Sobre el mundo
Restos que flotan en la superficie.
No tienen raíces.

HARRY LANGDON

La calle silenciosa
arrójase por la puerta de la buhardilla
en persecusión de un farol.
Las sombras de la soledad
dan gritos aterradores.
Petruschka no es un muñeco de trapo.