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EL FRIO JAMAS DE LA VERDAD
Nunca sentiré tan cerca a la verdad como en este momento en que se aproximan dos embarazadas y nos arrojan los contornos temibles de sus dolores. Toda la diferencia que hay entre las vidas de ambas reside en que una dará a luz un hijo blanco y la otra uno blanco. Posiblemente la segunda descubra mas tarde la importancia de los negros, pero entonces la vida formará un charco de una substancia espesa como la pez en cuyo centro exacto se ahogará un pájaro rojo en el preciso instante en que llegaba un lamento para salvarlo. Entonces esa misma mujer exclama: “Hijo, alcánzame la peineta”. El hijo interpretando erróneamente tales palabras, empuña un revólver y la mata. Luego coloca la peineta en los cabellos de la muerta y se duerme satisfecho de haber realizado con tal perfección los deseos de su madre. Sueña con una campana y con cuatro formas que se llaman, de izquierda a derecha: Y, PERO, QUE, NADA. La campana es grande-pequeña y pesada-leve, pero al tocarla descubro que se trata de la sangre suavemente coagulada en el pecho de la madre. La sombra que me precede tiembla ante la inutilidad de todo movimiento.
Conclusión para los espíritus amantes de la verdad: Ya que he demostrado que no hay ninguna posibilidad de alcanzar una verdad exterior a nosotros y que precisamente el hueco o espacio que dejamos es donde existe la verdad, os invito a pronunciar estas tres palabras reposantes: viaducto, víbora y concordancia.
Ergo: toda investigación de la verdad nos aleja de ella. Amor de lo verdadero se llama inmovilidad.
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SABIDURIA DEL CARTEL
Dos circunstancias imprevistas acompañadas por un cartel que llevaba pintado una figura de mujer vestida de rojo, entraron en la habitación iluminada por el resplandor de 7 seres que acababan de nacer. La sorpresa de esta constatación hace que se apaguen las luces y sólo queda la claridad que produce un dedo encendido por el miedo de tanto silencio. La mujer vestida de rojo cuenta cansadamente las piraguas que atraviesan los canales de su inmovilidad que llevan los sueños de los últimos coyotes que duermen en el cerebro de un niño muerto en 1912. Todos los hechos son idénticos y todos pasan en el mismo instante: por consiguiente, mesa, frío, nunca y canción son cuatro nombres de la misma cosa. Estas palabras las pronunciaba un hombre que encerrado en un W.C. tuvo durante 7 minutos el cañón de un revólver Colt aplicado contra su sién. Estaba entretenido en analizar el temblor que lo sacudía y finalmente decidió llamarlo PASION POR LA ALEGRIA. Su propia vacilación hizo adelantar en media hora la llegada de la noche y quizás esta sea la explicación porque dos horas más tarde había dos hombres y dos mujeres que se contemplaban ansiosamente en un cabaret. En ese instante la mujer roja quemaba las piraguas exangües y cantaba para adormecer a su hijo despertado por el rumor de los noctámbulos que pasaban bajo sus párpados. Los pieles rojas sueñan con el fin del mundo. Pero su hijo muerto en 1912 sólo oye una voz interminable que dice: ¡viva la antisepsia! Para que la noche sea más bella yo escupo sobre la identidad de mi cuerpo.
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VIDAS CIRCULARES
Ni por un inmenso astrónomo que superponga cuatro telescopios, se podrá llegar hasta esa incertidumbre que ostenta un color rojo en cada mejilla. Fríos y escaleras y otros aparatos son igualmente inútiles para alcanzar a las mujeres que tienen las manos cortadas a la altura de las muñecas. Las arterias seccionadas simulan presagios y la sangre que fluye arranca bruscamente su máscara de jovialidad. Yo odio a estas mujeres llenas del orgullo irresistible de estar muertas y para comenzar a dedicarme a la filosofía denominaré PASADO, PRESENTE y PORVENIR a tres personas sentadas en torno de una mesa en la que hay dos tazas, un vaso y un paquete de cigarrillos. Para ocultar la turbación que me produce este encuentro finjo ser circular, girando simplemente sobre uno de mis talones y cuando arrebatado por mi propio vértigo desesperaba de detenerme, se abrió una puerta y entré en la inmortalidad, es decir en una habitación negra en la cual dos hombres giraban velozmente sobre sus talones.