7

TITULO

En la calle desierta vaga el estertor de los brazos caídos en mis gritos, desgarrados por un cerrar de párpados, recortados por los labios azulinos de cadáveres, en latitudes ardientes, de trópicos asexuados.

Ardores, ardores que violais mi recato de piedra en el cuello de los montes abrazados, bajo la visión de esa boca desdentada que escupe las almas con los pulmones llenos de blasfemias contra Dios.

Dijo que si ella — contestó la rama embebida de rosas pero sumergida su razón en un deliquio de rocío — las frecuentes visitas en mi cabeza desalojan posibilidad de metafísica decente, tanto, que cambié de días y mis meses son Lunes y las horas en el año 30 de la nueva era del Neón.

Fáciles disquisiciones siembran espinas en las manos, que pasean sus frágiles bebés sobre una emoción cuadrilátera, torturada por su corcoveo de potro indócil, que enarca las cejas y hunde el hocico húmedo, en los ojos azules y cóncavos del sol desfalleciente.

Sobre el aire evaporado en chispas, que aúllan sus quemaduras, vuela el hilo sutil de las nupcias de los vientos. Lloran sus abrazos en el fracaso de los bosques huídos de los desiertos ascetas.

Burbujas, rojas, de alcance potente para combar las nubes, que revolotean menudas en las manos de papel.

No pesquéis un resfrío que violente vuestros vientres florecidos en añicos de cristal.

Hablar claro: Si señor, Cómo le va. Pasee sus precauciones entre las vendedoras de cacahuetes, así detonará la palabra como la mueca en culo de pollo de una linda muchacha.

Bien, vuelen los tedios que asentarán sobre cuernos; en un soplido volarán los mundos para esparcir nuestra palabra sobre los astros tiñosos. Si, nadie debe huir nuestro contagio de explosivos coloreados con todos los gustos, sazonados con náuseas, condimentados con los deditos en garra al sonarse o con vuestros gestos displicentes, repugnantes, asqueantes, melindrosos, sensibleros, emotivos, despectivos, gelatinosos.

De una palmada reventarán todos los globitos de vuestros ojos, ansiosos de rozar su nauseabundo terciopelo con algún órgano viril que transpira sus infiernos entre los adoquines.

O las flores en las ingles verterán sus alientos sobre esos cerebros que horadan la tierra en busca de un vasito de agua.

FELIPE DEBERNARDI


3

INTRODUCCION

Muchos sistemas filosóficos son más bien poemas, en cuanto que independizados de toda crítica del pensamiento, presentan los problemas de la personalidad en toda su angustiosa lucidez de presentimiento, que es lo que hace la poesía. Así, no puedo librame de denominar a los fragmentos que siguen poemas filosóficos.

1

MICROCOSMOS Y MACROCOSMOS

La costumbre de ver toda cosa nueva como un nacimiento, nos hace olvidar las consideraciones sobre una posible ubicuidad de nuestra ausencia. En efecto, entrando en una calle, las cosas vestidas con la calidad de nuestro yo entran a formar parte de lo real, pero creo que abandonadas de toda corporización consciente, ellas podrían conservar una forma más sutil, dependiendo de las cualidades conscientes de nuestra ausencia. Así, explico la sensación absurda que experimento a veces, de que las cosas han existido antes que yo por esa presencia pluriespacial de mí mismo que llamo ausencia. Esto aclara también otra sensación agudísima: en todo lugar nuevo al que llego siento como si hubiera estado eternamente en él. Para las cosas es como si vivieran de mi presentimiento, su forma dependiendo de las cualidades conscientes de éste.