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Incautas llanuras de piedras preciosas danzan,
Y las sonoridades de la tierra atormentan las manos.
Sobre el agua pasea mi inocencia la cabeza tronchada.
En un abrirse el abanico señala mil dedos al pie extraviado.
Suplicio acunado en la sombra de una voz.
Fecundidad de las armas trocadas en luces.
Hálito de una esmeralda vestida de amiga.
Locos andorreos por los cálidos destierros de un abrazo.
Precipita la nieve el deseo petrificado en los suspiros vírgenes
Entre cómodas sonrisas repantigada la anchura de una mueca,
Desolada, de verse sola con los ojos presurosa hacia las noches.
Leve inclinación del cielo que sacude el delantal;
las migas en mi boca prenden el vientre estrellado
Los astros chocan con nacer de palomas
En las ágiles curvas de unos muslos huye un tren de luciérnagas tibias y rosadas.


Vivir es el gorjeo de las calles traviesas sobre los rieles,
En abigarrada multitud se deshace la polilla del planeta.
Circula un airecillo sordo sobre los tejados en rebeldía.


En una estrella encienden un luminoso para marinos;
arguye los pretextos del sueño desprendido de su lápida.
Fracaso de las palmas enarcadas en un gesto de menosprecio.
Breves silbidos de la picardía tras la lluvia de risa.
En los bolsillos inquieta el vicio ocioso,
Que recibe las dagas de las arenas revueltas.


En las plácidas veredas de la siesta pasean sus atavíos los miserias que nos atraen a los
[burdeles.
Un beso oloroso de estiércol y carne humeante apaga las ascuas que chisporroteaban som-
[nolientas.
El cielo se cierra como un bolsón sobre nuestra fuga.
Con las caricias verdean los oasis en las mejillas.
  De entres los cuerpos abrazados huyen en remolinos las certezas enhebradas a una
aguja sutil que hilvana nuestra piel con la pradera Cada seno crece en monte, los torsos
en valles, hasta que irrumpen innumerables volcanes que escupen otros tantos niños.
Los rostros crepitan, un dedo desgarra el cielo en dos, en trizas, que en nieve menudo cae
sobre los océanos inmóviles de terror.


Fuego, derrumbe de perezas, en lasitudes inconcebibles.
Fracasa la admonición de biela.
El choque es presagio de fariseismo,
No plagiaré la circunvalación harapienta del alma, alrededor del ruego de los senos
[descubiertos.
Si prefiero quejarme en pelusas de vientres bestiales, no olvideis que sobre el mar boga
[la mano
y entre las rocas erra la trágica U
Acallad las placenteras bordonas de las fechas.
-Rápido despejad el blanco de los ojos
¿No veis a la certidumbre certificar su demolición entre los valles?
Rabia, surgente negra del balbuciente pozo de horcas que estrangulan la suma.