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Sobreestimamos la vida en sí, desnuda en la risa, que sangra en las palabras rudas, en el chasquido animal del beso, en el gesto suicida, en los focos admirativos de la calle. Es lo único que nos incita: poseer la vida hasta la saciedad, que nunca será. Mirarla en los ojos, honda.

Desenvolver como un tapiz el cerebro, quizá lleguemos a conocer las complejas filigranas de nuestros motivos, a iluminarnos por dentro. Es el interés fundamental que nos hace persistir. A él subordinamos todas las preocupaciones, que giran en su órbita. Lo demás, adorno.

Por hallar este resorte secreto daremos todo: la ingenuidad, los pasos en falso, la tontería, el énfasis, la pose, el fracaso, la chispa, el talento. Nuestra tartamudez en llamas rodará por esta pendiente impresa que tienes entre las manos, muy estimado lector y caerá entre tus dedos temblorosos, porque también tú eres la máxima contradicción hecha ovillo. Porque mientras tus ojos ríen plácidos la boca babea muecas imbéciles.

Confiesa que no eres lo que añorabas y si es así ¿puedes permanecer resignado? Eres un hilillo de humo en un ciclón, tienes el ansia de subir recto y el Destino te tuerce. Resolución interna. Una nueva ordenación de la vida íntima. Una hilera propia en el revoltijo de valores. Primero, lo inútil; nuestra vida indeterminada, sin objeto, bullendo.

Nuestros sacrificios valen más que nuestros dioses.

Nuestras oraciones más que sus obras.

Bajo nuestras alegrías en danza desenfrenada, los sudarios de los suicidas.

DERROTA

Suele desertar la paz
empurpurada, ebria;
devanan los deseos el huso
prendido con garfios al alma.
Arrodillada, la pena
ríe sus rezos vencida.
Entre senos húmedos asoma el beso
y galopa frenética la risa en la garganta

POEMA

Esponja de sal amanecida en mis labios
Vierte stiletes en tus silencios,
Apenas asoma un dolor en tu frente
Crispan las arrugas mis dedos exangües,.
Y en un pliegue anochece la desesperación
[cobarde.

En un sueño de rocío
Abrevamos los soles mustios de los ojos pe-
[nitentes.

En un desperezamiento de nieblas
Grita su entusiasmo el pecho soleado.
De un camino al otro,
Espiga nuestro paso las huellas perdidas
Y los ecos de canciones ajenas
Cuelgan como aretes de nuestras orejas.
En las bocas desborda una cascada de risa.
Sueños,
En un arenal
El pañuelo tembloroso de ansias.

PUPILA, NIEBLA

Bruma ceñida al gesto cauto
que la vida desanda al respirar;
suelo enceguecido de risas
bajo las huellas
de las manos temblorosas de pájaros;
rivalidad entre las horas aletargadas
por insuflar el cielo:
insensible a ruegos
se dobla en cuatro.
Si atravesados los brazos en aspas
gira el ojo su desconsuelo,
hallará reposo en la turbia desazón
de las primaveras inmaduras.
Volar en bandadas añoran las fresas
prendidas en alfiler de una corbata.
En una burbuja liquida el aliento
sus pretextos de color,
y en los reflejos se posan
los universos cansados de fisgar.
Los párpados destilan ráfagas de luz,
dos nubes exhalan una boca admirada del
[mundo.

En la ruta, aquella, luminosa, se evaporó la encrucijada, fugó el abismo, anocheció la meta. La mano entre sus harapos de viento, tuerce el dolor sobre sí mismo y pliega los dedos lentamente.

ESTEBAN DALID